Cartas y menús
Carta de mesa, menú del día, carta de bebidas, plastificada o en soporte rígido, en uno o varios idiomas. Es nuestra pieza más pedida y la que más afecta al ticket medio.
Carteles, lonas, displays, flyers, cartas y tarjetas: todo lo que tu negocio imprime, diseñado para vender y no solo para rellenar. Llevamos desde 2014 produciendo material físico para restaurantes y comercios del sur, con más de 60.000 menús diseñados.
Se habla mucho de digital y poco de que en un local el cliente decide con lo que tiene delante: el cartel de la entrada, la carta en la mesa, el caballete de la acera. Esas piezas trabajan las veinticuatro horas, sin presupuesto de publicidad y sin algoritmo que decida si se ven.
El problema habitual no es la impresión, es el diseño: cartas con veinte platos sin jerarquía, carteles con el teléfono más grande que la oferta, flyers que no dicen dónde está el local. Nosotros ordenamos el mensaje primero y producimos después — es la parte que cambia si la pieza vende o solo decora.
Carta de mesa, menú del día, carta de bebidas, plastificada o en soporte rígido, en uno o varios idiomas. Es nuestra pieza más pedida y la que más afecta al ticket medio.
Caballete de calle, expositor de suelo, roll-up y tótem. La pieza que para al peatón antes de que llegue a la puerta.
Lonas de fachada, vallas, paneles de obra y carteles rígidos. Se diseñan según la distancia desde la que se van a leer, no según lo que se ve en pantalla.
Flyer de reparto, díptico de carta para llevar, tarjeta de visita y tarjeta de mesa con QR. Piezas pequeñas de mucha rotación.
Carteles de oferta, precios, pizarras, señalética de aforo y normas, etiquetado de producto. Lo que ordena la venta dentro del local.
Si el logo no existe o está gastado, lo resolvemos antes de imprimir nada. Imprimir mal un logo malo solo multiplica el problema.

Entre un diseño en pantalla y una pieza impresa hay un montón de cosas que pueden salir mal: texto demasiado fino que desaparece, fotos que en papel se ven sucias, falta de sangre y márgenes cortados, colores que cambian del monitor a la tinta.
Revisamos cada archivo antes de mandarlo a producción con un control fijo: medidas y sangre, resolución real a tamaño final, legibilidad del texto pequeño y comportamiento del color en la máquina que lo va a imprimir. Es la razón por la que no nos llegan trabajos de vuelta.
La hostelería es la mayor parte del trabajo, pero el criterio se aplica igual en cualquier negocio con local a la calle:
Hacemos el diseño y coordinamos la producción con los talleres adecuados a cada pieza. Para el cliente el resultado es el mismo que en una imprenta con diseñador dentro: una sola persona a la que llamar, y el trabajo entregado en el local. La diferencia es que nosotros nos peleamos con el archivo antes de imprimirlo.
Depende del formato, del número de páginas o metros, del acabado y de la cantidad. Una carta plastificada a dos caras y una lona de fachada no comparten presupuesto. Cuéntanos la pieza y las unidades y te pasamos precio; no trabajamos con packs cerrados.
Sí, y es de lo que más hacemos cada temporada. Si tenemos el archivo original mantenemos el diseño exacto y solo tocamos precios o platos. Si no lo tienes, lo rehacemos una vez y a partir de ahí las actualizaciones son rápidas.
Sí: español, inglés, alemán y lo que haga falta según tu clientela. En cocina india cuidamos especialmente los nombres de los platos, porque una traducción literal hace que el cliente pida otra cosa o no pida nada.
El diseño depende de lo que haya que ordenar; la producción la marca el taller según pieza y acabado. Te damos el plazo por escrito cuando cerramos el presupuesto, y si hay una fecha que no se puede mover — una apertura, una feria — se planifica desde el primer día.
Dinos la pieza, el formato y las unidades. Si ya tienes un diseño, lo revisamos gratis y te decimos si va a salir bien impreso antes de gastar en producción.
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